De todos los reptiles que
podemos encontrar en la Península Ibérica, posiblemente sea la salamanquesa el
que muestra una mayor inclinación por instalarse en las edificaciones humanas.
Se trata de una especie
crepuscular y nocturna que vive en todo tipo de paredes, muros, rocas y troncos.
Aunque es posible observarla en primavera, son las tardes y noches de verano
cuando son más numerosas y se muestran más activas, dedicando la mayor parte de
su tiempo a acechar, perseguir y cazar a los insectos de los que se alimenta.
Es muy habitual poder
observarlas en los muros, techos y paredes que reciben la luz de faroles y bombillas,
a donde acuden atraídas por la gran cantidad de insectos que se concentran en
esos puntos.
Resulta especialmente
llamativo comprobar la capacidad que tienen para moverse por todo tipo de
superficies verticales, incluso tan lisas como el vidrio, así como para mantenerse
y desplazarse bocabajo por techos y cubiertas. Esto lo consiguen gracias a un
sofisticado sistema de agarre que tienen en sus patas. Sus dedos, ensanchados
en los extremos, disponen de unas laminillas ganchudas en la parte inferior que,
al presionar las superficies, sueltan el aire de los espacios convirtiéndose en
almohadillas succionadoras que actúan a modo de ventosas. Además, entre esas
laminillas, existe un gran número de cerdas microscópicas terminadas en garfios
que se introducen en la más mínima irregularidad, proporcionando un perfecto
sistema de agarre.
Pueden llegar a medir hasta 16
cm y tienen la capacidad de adaptarse a la luminosidad ambiente y a las características
cromáticas de las superficies, pudiendo variar el color y tonalidad de su
cuerpo, que habitualmente es pardo claro con manchas dispersas, hasta alcanzar
tonos agrisados y muy oscuros. También, al igual
que muchas lagartijas, tienen autotomía caudal, que les permite desprenderse de
la cola para despistar a sus depredadores, regenerándose esta pasado un tiempo.
Además, puede emitir una especie de chillidos agudos, muy perceptibles cuando
se sienten amenazadas.
Tiene grandes ojos redondos que
carecen de párpados. Para protegerlos, cuenta con una membrana transparente fusionada.
Su pupila es vertical, muy estrecha durante el día, pero que se dilata a medida
que va desapareciendo la luz.
Los machos son muy
territoriales y se enfrentan con fiereza, persiguiéndose y tratando de morderse
mutuamente. Las hembras ponen dos huevos a finales de abril y dos a finales de junio,
depositándolos en hendiduras o debajo de piedras.
Hiberna desde octubre hasta
marzo, en ocasiones formando grupos de varios individuos que se concentran en
algún lugar resguardado.
Popularmente, existen muchas
falsas creencias sobre las salamanquesas, adjudicándolas diversas propiedades
maléficas. En realidad, no solo son animales totalmente inofensivos para el ser
humano, sino que además resultan muy beneficiosos por la gran cantidad de mosquitos
que capturan.
Salamanquesas fotografiadas en un edificio en ruinas en Las Rozas de Madrid (Fotografía J. M. Calvo)Las salamanquesas, al igual
que todos los reptiles, son una especie protegida.
ASOCIACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL CIERZO
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