LA SALAMANQUESA COMÚN

Salamanquesa en un edificio en ruinas en Las Rozas de Madrid (Fotografía J. M. Calvo) 

De todos los reptiles que podemos encontrar en la Península Ibérica, posiblemente sea la salamanquesa el que muestra una mayor inclinación por instalarse en las edificaciones humanas.

Se trata de una especie crepuscular y nocturna que vive en todo tipo de paredes, muros, rocas y troncos. Aunque es posible observarla en primavera, son las tardes y noches de verano cuando son más numerosas y se muestran más activas, dedicando la mayor parte de su tiempo a acechar, perseguir y cazar a los insectos de los que se alimenta.

Es muy habitual poder observarlas en los muros, techos y paredes que reciben la luz de faroles y bombillas, a donde acuden atraídas por la gran cantidad de insectos que se concentran en esos puntos.

Resulta especialmente llamativo comprobar la capacidad que tienen para moverse por todo tipo de superficies verticales, incluso tan lisas como el vidrio, así como para mantenerse y desplazarse bocabajo por techos y cubiertas. Esto lo consiguen gracias a un sofisticado sistema de agarre que tienen en sus patas. Sus dedos, ensanchados en los extremos, disponen de unas laminillas ganchudas en la parte inferior que, al presionar las superficies, sueltan el aire de los espacios convirtiéndose en almohadillas succionadoras que actúan a modo de ventosas. Además, entre esas laminillas, existe un gran número de cerdas microscópicas terminadas en garfios que se introducen en la más mínima irregularidad, proporcionando un perfecto sistema de agarre.


Salamanquesa en un edificio en ruinas en Las Rozas de Madrid (Fotografía J. M. Calvo)

Pueden llegar a medir hasta 16 cm y tienen la capacidad de adaptarse a la luminosidad ambiente y a las características cromáticas de las superficies, pudiendo variar el color y tonalidad de su cuerpo, que habitualmente es pardo claro con manchas dispersas, hasta alcanzar tonos agrisados y muy oscuros. También, al igual que muchas lagartijas, tienen autotomía caudal, que les permite desprenderse de la cola para despistar a sus depredadores, regenerándose esta pasado un tiempo. Además, puede emitir una especie de chillidos agudos, muy perceptibles cuando se sienten amenazadas.


Salamanquesa en un edificio en ruinas en Las Rozas de Madrid (Fotografía J. M. Calvo)

Tiene grandes ojos redondos que carecen de párpados. Para protegerlos, cuenta con una membrana transparente fusionada. Su pupila es vertical, muy estrecha durante el día, pero que se dilata a medida que va desapareciendo la luz.

Los machos son muy territoriales y se enfrentan con fiereza, persiguiéndose y tratando de morderse mutuamente. Las hembras ponen dos huevos a finales de abril y dos a finales de junio, depositándolos en hendiduras o debajo de piedras.

Hiberna desde octubre hasta marzo, en ocasiones formando grupos de varios individuos que se concentran en algún lugar resguardado.


Salamanquesas agrupadas para invernar en un muro resguardado, Las Rozas de Madrid (Fotografía J. M. Calvo)

Popularmente, existen muchas falsas creencias sobre las salamanquesas, adjudicándolas diversas propiedades maléficas. En realidad, no solo son animales totalmente inofensivos para el ser humano, sino que además resultan muy beneficiosos por la gran cantidad de mosquitos que capturan.


Salamanquesas fotografiadas en un edificio en ruinas en Las Rozas de Madrid (Fotografía J. M. Calvo)




Las salamanquesas, al igual que todos los reptiles, son una especie protegida.


ASOCIACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL CIERZO

No hay comentarios:

Publicar un comentario