Las cárcavas son estructuras
geológicas formadas por los cauces de ríos y arroyos, así como por efecto de la
erosión hídrica que ocasionan las escorrentías de las lluvias en terrenos poco
consistentes y con pendiente.
En la zona oeste y noroeste de
Madrid, donde predominan los suelos sedimentarios formados por arcosas, podemos
encontrar numerosas cárcavas en diferentes enclaves, conformando llamativas
rampas, taludes y escarpadas cuestas.
En muchos casos, las cárcavas dejan al descubierto los diferentes estratos que se han ido formando en el terreno a lo largo del tiempo, lo que permite obtener información sobre la historia geológica del lugar en el que éstas se encuentran: erosión fluvial, derrubios, acumulación de cantos, depósitos sedimentarios...
Las zonas acarcavadas pueden generar originales paisajes al producirse fuertes contrastes entre las zonas áridas afectadas por una erosión muy activa y la vegetación presente en el resto del entorno, en ocasiones muy abundante y frondosa por la presencia de cauces fluviales.
Hidrográficamente, el noroeste madrileño está definido por dos cuencas fluviales, las de los ríos Guadarrama y Manzanares. A ellos drenan el agua de las lluvias numerosos barrancos y arroyos distribuidos por todo el territorio. En este proceso, las escorrentías que discurren por suelos poco consistentes originan cárcavas de diferente entidad.
Entre los parajes que podríamos señalar con presencia de llamativas cárcavas en el oeste y noroeste de la Comunidad de Madrid, además del Monte de El Pardo, destacarían los arroyos de La Puentecilla y del Lazarejo en Las Rozas, el arroyo del Plantío en Majadahonda o el arroyo Palacios en Villanueva del Pardillo.
Lamentablemente, otros muchos de estos taludes y cortados naturales han desaparecido, y siguen desapareciendo, como consecuencia de la actividad urbanística y la construcción de infraestructuras.
Javier M. Calvo Martínez
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