domingo, 25 de enero de 2026

UNA CUESTIÓN DE ESTÉTICA


A las actuaciones desarrolladas por la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, organismo encargado de la reconstrucción de Las Rozas al concluir la Guerra Civil, se le pueden criticar muchas cosas.

Por ejemplo: la simpleza de su esquema urbanístico (trazado viario ortogonal y manzanas cuadrangulares cerradas); lo impostado de su estilo, imitando modelos idealizados de la arquitectura popular castellana con forzadas mistificaciones escurialenses; la humildad de los materiales empleados; la excesiva ruralización de su planteamiento, o el carácter irremediablemente ideologizado de su enfoque.

Pero lo que no podrá achacarse a los proyectos de reconstrucción de Regiones Devastadas es la falta de sentido estético. Toda la planificación vial desarrollada en Las Rozas, así como su concepción arquitectónica, trataron de buscar la coherencia y el equilibrio estético, prestando gran atención a la armonía de escalas, así como a la unidad visual de los elementos que debían constituir el nuevo espacio urbano.

En este sentido, destacaron claramente el conjunto de la Plaza Mayor, el Barrio de Regiones, la gran manzana formada por el Parador y las viviendas adyacentes en la parte alta del pueblo, los jardines aterrazados de la iglesia parroquial de San Miguel, o el grupo de viviendas construidas en torno a la calle Real, calle Escalerilla y actual avenida de la Constitución.

Pese a lo humilde y austero de las tramas y morfologías, algo obligado por las limitaciones propias de la posguerra, Regiones Devastadas logró crear conjuntos singulares, ordenados y articulados en pequeñas secuencias urbanas, cuidando siempre la perspectiva y el equilibrio de volúmenes y tipologías. Surgió así una nueva e interesante configuración visual y espacial del paisaje urbano, con el que muy pronto pudieron identificarse sus vecinos.

Lamentablemente, los proyectos e intervenciones posteriores ni respetaron ni mantuvieron aquella sensibilidad. Hoy todo aquello ha desaparecido. El casco histórico de Las Rozas ha perdido muchas de sus señas de identidad, y del cuidado estético puesto por Regiones Devastadas en la reconstrucción del pueblo no queda prácticamente nada. Las posteriores actuaciones constructivas no han tenido ninguna consideración hacia los edificios históricos y más emblemáticos; los conjuntos arquitectónicos y las secuencias urbanas han perdido su sentido original; visualmente, se han roto las perspectivas y armonías volumétricas, con alteraciones en las alturas de las edificaciones y las más variopintas tipologías en fachadas y cubiertas.

Sirvan como muestra las fotografías que encabezan esta entrada. En ellas, se aprecia el pasado y el presente del conjunto de viviendas construido entre 1942 y 1946 por Regiones Devastadas en la manzana que forman la calle Real y la avenida de la Constitución, así como la pérdida de su sentido inicial, con la paulatina desaparición de los edificios originales y la total falta de interés por la cuestión estética.


Javier M. Calvo Martínez

Fotografía histórica: Archivo personal de J. M. Calvo Martínez

Fotografía actual realizada por J. M. Calvo

lunes, 5 de enero de 2026

LA FIESTA DE LOS QUINTOS EN LAS ROZAS


 

Aunque hay referencias de modelos similares desde la Edad Media, no sería hasta el siglo XVIII cuando en España se implante de manera regular el sistema de quintas para el reclutamiento militar obligatorio.

Básicamente, y a pesar de las múltiples modificaciones que fue experimentando a lo largo del tiempo, este sistema establecía anualmente la incorporación temporal al ejército de la quinta parte de los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad en ese año, de ahí su nombre.

Desde entonces, y hasta la completa anulación del servicio militar obligatorio en 2001 (la famosa “mili”), se hizo costumbre en multitud de poblaciones realizar la Fiesta de los Quintos. En ella, los jóvenes que eran llamados a filas ese año se juntaban un día señalado para recorrer alegremente las calles del pueblo con música y cantos, visitando las casas donde se les ofrecía dulces y licores, y organizando una buena comilona, alargándose la juerga hasta altas horas de la noche.

Este popular festejo, que claramente consistía en un rito de paso que marcaba la transición a la madurez, servía a la vez para estrechar la unión y el compañerismo entre los mozos del pueblo. Era también una fiesta de despedida de unos muchachos que, en el mejor de los casos, iban a pasar mucho tiempo fuera de casa, pues el servicio militar se podía alargar durante varios años o, peor aún, tocarles participar en alguna de las habituales guerras, con las terribles consecuencias que aquello podía acarrear.

Cada población celebraba su Fiesta de Quintos en diferentes fechas: unos la hacían coincidir con el carnaval, otros con el principio de la primavera o con el final de verano y, otros muchos, con la Navidad.

Hasta donde sabemos, parece que en Las Rozas siempre fue tradición celebrar esta fiesta la víspera de Reyes. Ese día, ya desde la mañana, los quintos comenzaban la ronda por las calles del pueblo, cantando coplas y seguidillas con el acompañamiento de guitarras, bandurrias y almireces. En las diferentes casas, los vecinos les ofrecían comida, bebida y alguna propinilla para ayudar a financiar la fiesta. En alguna de las tabernas del pueblo se preparaba una buena comilona con la caza del día anterior, todo ello acompañado de abundante vino procedente de los viñedos que en el pasado tuvo Las Rozas.

La fiesta continuaba en la plaza hasta altas horas de la noche. Para hacer frente a las gélidas temperaturas de enero, las jornadas previas se hacía una buena provisión de leña, encendiéndose una gran lumbre en torno a la cual se seguía bebiendo, cantando y bailando alegremente hasta que el cuerpo aguantase.

En esencia, este tipo de celebración se mantuvo en Las Rozas hasta que, en 2001, fue suprimida oficialmente la mili, siendo la última quinta llamada a filas la nacida en 1982. Sin embargo, con el objetivo de mantener vivo el recuerdo de esta tradición tan emblemática para tantas generaciones de roceños, la Peña Recreativa Club Las Rozas 70 decidió en su día continuar con la costumbre de organizar una gran hoguera de Quintos en la noche de Reyes, la cual suele encenderse en torno a las 12:00 de la noche. De esta manera, año tras año, en los compases finales de la Navidad, algunos vecinos de Las Rozas vuelven a juntarse amigable y festivamente en torno al fuego, tal y como se ha venido haciendo desde hace más de 200 años. 

En la fotografía que encabeza esta entrada, realizada en los años 60 por Pablo Gómez Bravo, al que nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos por la maravillosa colección de instantáneas que nos dejó de un pueblo de Las Rozas ya desaparecido (y que tanto él como posteriormente su familia han compartido multitud de veces de forma generosa y desinteresada), podemos ver el enorme acopio de ramas y leña preparado frente a la Plaza Mayor para, llegado el momento, encender la gran Hoguera de los Quintos.


Javier M. Calvo Martínez

Fotografía: Pablo Gómez Bravo