Aunque hay referencias de
modelos similares desde la Edad Media, no sería hasta el siglo XVIII cuando en
España se implante de manera regular el sistema de quintas para el
reclutamiento militar obligatorio.
Básicamente, y a pesar de las
múltiples modificaciones que fue experimentando a lo largo del tiempo, este
sistema establecía anualmente la incorporación temporal al ejército de la
quinta parte de los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad en ese año, de
ahí su nombre.
Desde entonces, y hasta la completa
anulación del servicio militar obligatorio en 2001 (la famosa “mili”), se hizo
costumbre en multitud de poblaciones realizar la Fiesta de los Quintos. En
ella, los jóvenes que eran llamados a filas ese año se juntaban un día señalado
para recorrer alegremente las calles del pueblo con música y cantos, visitando
las casas donde se les ofrecía dulces y licores, y organizando una buena
comilona, alargándose la juerga hasta altas horas de la noche.
Este popular festejo, que
claramente consistía en un rito de paso que marcaba la transición a la madurez,
servía a la vez para estrechar la unión y el compañerismo entre los mozos del
pueblo. Era también una fiesta de despedida de unos muchachos que, en el mejor
de los casos, iban a pasar mucho tiempo fuera de casa, pues el servicio militar
se podía alargar durante varios años o, peor aún, tocarles participar en alguna
de las habituales guerras, con las terribles consecuencias que aquello podía acarrear.
Cada población celebraba su Fiesta
de Quintos en diferentes fechas: unos la hacían coincidir con el carnaval,
otros con el principio de la primavera o con el final de verano y, otros
muchos, con la Navidad.
Hasta donde sabemos, parece
que en Las Rozas siempre fue tradición celebrar esta fiesta la víspera de Reyes.
Ese día, ya desde la mañana, los quintos comenzaban la ronda por las calles del
pueblo, cantando coplas y seguidillas con el acompañamiento de guitarras,
bandurrias y almireces. En las diferentes casas, los vecinos les ofrecían
comida, bebida y alguna propinilla para ayudar a financiar la fiesta. En alguna
de las tabernas del pueblo se preparaba una buena comilona con la caza del día
anterior, todo ello acompañado de abundante vino procedente de los viñedos que
en el pasado tuvo Las Rozas.
La fiesta continuaba en la
plaza hasta altas horas de la noche. Para hacer frente a las gélidas temperaturas
de enero, las jornadas previas se hacía una buena provisión de leña,
encendiéndose una gran lumbre en torno a la cual se seguía bebiendo, cantando y
bailando alegremente hasta que el cuerpo aguantase.
En esencia, este tipo de
celebración se mantuvo en Las Rozas hasta que, en 2001, fue suprimida oficialmente
la mili, siendo la última quinta llamada a filas la nacida en 1982. Sin
embargo, con el objetivo de mantener vivo el recuerdo de esta tradición tan
emblemática para tantas generaciones de roceños, la Peña Recreativa Club Las
Rozas 70 decidió en su día continuar con la costumbre de organizar una gran hoguera de Quintos en la noche de Reyes, la cual suele encenderse en torno a las 12:00 de la noche.
En la fotografía que encabeza
esta entrada, realizada en los años 60 por Pablo Gómez Bravo, al que nunca le
estaremos lo suficientemente agradecidos por la maravillosa colección de instantáneas
que nos dejó de un pueblo de Las Rozas ya desaparecido (y que tanto él como posteriormente
su familia han compartido multitud de veces de forma generosa y desinteresada),
podemos ver el enorme acopio de ramas y leña preparado frente a la Plaza Mayor
para, llegado el momento, encender la gran Hoguera de los Quintos.
Javier M. Calvo Martínez
Fotografía: Pablo Gómez Bravo
No hay comentarios:
Publicar un comentario