domingo, 15 de marzo de 2026

VOLVER A EMPEZAR


La guerra castigó duramente a Las Rozas. Las grandes operaciones militares desarrolladas en el municipio, y su posterior condición de línea de frente hasta el final de la contienda, supusieron la devastación del pueblo.

Más del 80 % de sus edificaciones se vieron afectadas, en mayor o menor medida, por las destrucciones. Su población, que en 1936 era de 1.650 habitantes, quedó desperdigada por diferentes lugares. Muchos habían encontrado refugio en pueblos como Torrelodones y, sobre todo, Hoyo de Manzanares. Al finalizar la guerra, los que pudieron, fueron regresando a Las Rozas, donde la mayoría encontraron sus hogares convertidos en ruinas. El censo de población realizado en 1940 indicaba 1.196 habitantes, 454 vecinos menos que los que había en 1936, no recuperándose los niveles demográficos de antes de la guerra hasta la década de los 50.

La economía del municipio sufrió una enorme crisis. La principal actividad productiva, la agricultura, se vio fuertemente sacudida. Muchas de las 1.500 hectáreas que en 1936 se dedicaban al cultivo de cereal, con una producción media de 9.000 quintales de grano (principalmente trigo y cebada), se encontraban surcadas por trincheras, dañadas por las explosiones y con abundante material militar abandonado, potencialmente muy peligroso. En cuanto a las huertas y pequeños regadíos, las explotaciones se habían perdido por completo. Peor situación ofrecía la ganadería: de las 4.000 cabezas de ganado lanar existentes en Las Rozas antes del inicio de la contienda, no quedaba ni una sola oveja; de las 200 cabras, apenas se mantenían unas pocas decenas; las 40 vacas lecheras se habían reducido a 9; el ganado porcino había desaparecido por completo y apenas se disponía de mulas, asnos y caballos.

Tiempos muy difíciles, que obligaban a volver a empezar una dura vida entre ruinas, carencias, esfuerzos y sacrificios de todo tipo.

La fotografía que encabeza esta entrada nos muestra el aspecto que ofrecía la iglesia de San Miguel Arcángel al finalizar la guerra, con solo una de las fachadas de su torre en pie como consecuencia de los bombardeos. Imagen tomada desde la carretera de El Escorial en 1939.


Javier M. Calvo Martínez

Fotografía: Archivo personal de J. M. Calvo

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