La guerra castigó duramente a
Las Rozas. Las grandes operaciones militares desarrolladas en el municipio, y
su posterior condición de línea de frente hasta el final de la contienda,
supusieron la devastación del pueblo.
Más del 80 % de sus edificaciones
se vieron afectadas, en mayor o menor medida, por las destrucciones. Su
población, que en 1936 era de 1.650 habitantes, quedó desperdigada por
diferentes lugares. Muchos habían encontrado refugio en pueblos como
Torrelodones y, sobre todo, Hoyo de Manzanares. Al finalizar la guerra, los que
pudieron, fueron regresando a Las Rozas, donde la mayoría encontraron sus
hogares convertidos en ruinas. El censo de población realizado en 1940 indicaba
1.196 habitantes, 454 vecinos menos que los que había en 1936, no recuperándose
los niveles demográficos de antes de la guerra hasta la década de los 50.
La economía del
municipio sufrió una enorme crisis. La principal actividad productiva, la
agricultura, se vio fuertemente sacudida. Muchas de las 1.500 hectáreas que en
1936 se dedicaban al cultivo de cereal, con una producción media de
9.000 quintales de grano (principalmente trigo y cebada), se encontraban surcadas
por trincheras, dañadas por las explosiones y con abundante material militar abandonado, potencialmente muy peligroso. En cuanto a las huertas y
pequeños regadíos, las explotaciones se habían perdido por completo. Peor situación
ofrecía la ganadería: de las 4.000 cabezas de ganado lanar existentes en Las
Rozas antes del inicio de la contienda, no quedaba ni una sola oveja; de las 200
cabras, apenas se mantenían unas pocas decenas; las 40 vacas lecheras se habían
reducido a 9; el ganado porcino había desaparecido por completo y apenas se
disponía de mulas, asnos y caballos.
Tiempos muy difíciles, que
obligaban a volver a empezar una dura vida entre ruinas, carencias, esfuerzos y
sacrificios de todo tipo.
La fotografía que encabeza
esta entrada nos muestra el aspecto que ofrecía la iglesia de San Miguel Arcángel
al finalizar la guerra, con solo una de las fachadas de su torre en pie como consecuencia
de los bombardeos. Imagen tomada desde la carretera de El Escorial en 1939.
Javier M. Calvo Martínez
Fotografía: Archivo personal de J. M. Calvo
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